El arte ha sido mal entendido durante mucho tiempo, un artista no es un excéntrico que lanza manchas de pintura sobre un lienzo. El arte es más que eso, arte es ciencia. Arte es humanidad. Tal afirmación se puede sopesar como intrépida, precipitada; mas hay justificaciones para poder lanzar tal línea ante el criterio público. Estas justificaciones se hallan en la entrada anterior. Ya allí se explicó como las teorías científicas más revolucionarias de los últimos siglos marcaron a la humanidad con la nueva filosofía. La filosofía que se constituye de la aceptación de la realidades múltiples y a la vez de la inexistencia de la realidad, de la vivencia en muchas dimensiones paralelas y de la no vivencia en lo absoluto cuando se sabe que no existe nada de lo que conocemos. Sólo existe el inconsciente colectivo como el sistema que determina lo que cada uno de los individuos experimenta en su vida.
El primer tema que relaciona el arte con esta ideología es la Teoría del Reflejo. En términos simples asegura que las personas no ven las obras de arte, sino que las personas son vistas por las obras de arte. Integrando la filosofía influenciada por la ciencia con la filosofía que influencia el arte se tiene que el material, los esmaltes, los pigmentos, la composición, la iluminación, las texturas y la disposición de los elementos en la obra en realidad no existen, la realidad sensorial no existe. Existe el subconsciente de la persona que observa la obra y emite un juicio, y este juicio refleja su subconsciente. Es decir, según el psicoanálisis, el juicio que emite el observador acerca de la obra de arte refleja quien es realmente la persona y por ende, quien es la humanidad de la que es parte. Entonces se está obteniendo un fragmento de la existencia del humano por medio de una representación física sujeta al sistema descrito por las teorías científicas expuestas antes. Por ello es que el arte no es lo comúnmente concebido, sino que va más allá, sirve el propósito de vislumbrar el subconsciente humano.
Seguidamente, se presentará como la filosofía ha influenciado concretamente el arte de los grandes maestros, como la filosofía se puede ver retratada en las obras.
El realismo demarcó la tradición inicial, cuando no se tenía noción de muchos conceptos revolucionarios, las representaciones escultóricas, pictóricas, musicales buscaban la belleza sensorial, la simetría y el realismo. Representaciones que buscaban aproximar el cuerpo humano, la naturaleza, de manera clara e ingenua. En la época de mayor estancamiento cultural, la Edad Media europea, el arte se limitó a representaciones religiosas considerablemente planas, directas y realistas.
Del realismo al impresionismo la técnica tuvo un cambio considerable. El más conocido pintor impresionista fue el francés Claude Monet. La pulcritud se perdió, las líneas definidas, rectas y uniformes se reemplazaron por trazos de color libres, cortos, y desprovistos de la prolijidad buscada antes. Una característica particular es que las formas de una obra impresionista vista de cerca son difícilmente distinguibles, la obra toma formas conocidas si se aprecia de lejos. Estos medios técnicos comunicaban los descubrimientos científicos y las corrientes filosóficas de la época. En el impresionismo se representaba la impresión que se tenía de las formas, no su retrato impecable. Asimismo, la analogía del cuadro con el mundo se toma desde la perspectiva integral, cada parte del cuadro no es más que eso, parte del sistema. Cada trazo por sí solo no constituye nada, no comunica nada. Es necesario tener en cuenta la totalidad percibida para que la obra tenga un sentido concreto.
El cubismo presenta aún más libertad que el impresionismo. Rompe con los últimos rasgos tradicionales del arte que se seguían manifestando en el impresionismo. El primero y más popular exponente del cubismo es el español Pablo Picasso. No se busca una semejanza fiel a la realidad, se representa todo por medio de formas geométricas, no hay puntos de vista únicos y se pierde la dimensión de la profundidad. El cubismo surge contemporáneo a las fotografías por lo que la representación convencional del mundo pierde el sentido para el arte. Esto motiva nuevas maneras de representar el mundo. El psicoanálisis y la relatividad aportan al conocimiento global la idea de que no todo lo que vemos es real ni es como parece serlo, premisa que es tomada por el cubismo como lineamiento para sus obras.
El surrealismo tiene un carácter onírico, los límites borrosos de los sueños son los que se trasnscriben a la representación de las obras surrealistas. La técnica es ahora más flexible, pero el contenido, las figuras que se identifican en las producciones tienen sentido único para el psicoanálisis. Los cuadros y esculturas de Salvador Dalí, uno de los más importantes exponentes de esta corriente, son icónicos alrededor del mundo. En ellos aparecen elementos conocidos que inspiran los sueños de todos los humanos, pero doblados según su subconsciente. La realidad se desdibuja, los relojes se deshacen. El gran espacio abierto del sueño es rellenado por los elementos cotidianos sometidos a circunstancias inusuales. Los huevos fritos penden de cordones, las mujeres lucen mazorcas en sus cabezas, Shirley Temple tiene cuerpo de Esfinge. Esta corriente se extendió a la filmografía en producciones como “Un chien Andalou”, un cortometraje producido por Dalí con Luis Buñuel. En la teoría del psicoanálisis propuesto por Freud, los sueños juegan un papel similar al arte, son una ventana al subconsciente que representan al ser. El surrealismo no hace más que unir dos conceptos perfectamente acoplados, el arte y los sueños como reflejo del ser humano.
En la entrada previa, se relata brevemente como la ciencia influye a la filosofía y viceversa, en este caso vemos como la filosofía ya factorizada por la ciencia influye el arte. La consciencia de como existe el ser humano y el mundo que le rodea se traslada a representaciones en todas las esferas del vivir, el arte es una particularmente importante de ellas, a la luz de los nuevos descubrimientos.
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